MIS DIFERENCIAS PROGRAMATICAS CON GERMAN VARGAS

El programa económico del candidato presidencial de Cambio Radical, Germán Vargas, se propone recuperar la senda de crecimiento económico y ubicarlo en el 5% anual como crecimiento del PIB. Cree Vargas que el crecimiento depende del aumento de la inversión y que esta depende de la rentabilidad del capital y para ello propone reducir impuestos al capital y flexibilizar las regulaciones estatales y la mano de obra. Su prioridad es el crecimiento, sobre la base de la disminución de impuestos a las rentas de capital pero para nada ni siquiera como segunda prioridad está la equidad social. Un crecimiento sin equidad.

De hecho olvida Germán Vargas y sus asesores que si la rentabilidad de capital neta de impuestos es superior a la tasa de crecimiento real, la desigualdad en el mediano plazo avanzará a niveles enormes en un país que como Colombia ya es de los más desiguales del mundo.

Es indudable que los países que han priorizado el crecimiento económico sin mirar la equidad, no han logrado procesos sostenibles y se han condenado a estados de desigualdad social que terminan agotando el mismo crecimiento económico; y los países que han priorizado la redistribución del ingreso sin pensar en el crecimiento no han logrado sino redistribuir pobreza.

Así lo demuestra la crisis mundial que comenzó en el 2008 y que llega hasta nuestros días precisamente en el mayor periodo de incremento de la desigualdad en los países desarrollados desde hace 70 años. El incremento de la desigualdad en su máximo nivel en EEUU fue en el año 1929 y después ese mismo nivel de desigualdad llegó en el año 2007, precisamente en los años que dieron inicio a las peores crisis de su historia. la desigualdad extrema propicia las crisis extremas y Colombia padece de una de las desigualdades extremas más altas del mundo.

Los impuestos al Capital deben tener un enfoque que nos lleve a aumentar la producción real, castigar las rentas y construir más igualdad social, De hecho los impuestos al Capital lo que ayudan al financiar mayoritariamente el Estado es a fortalecer la ampliación de una clase media tanto rural como urbana en Colombia, como símbolo de una sociedad más igualitaria. Al contrario, disminuir los impuestos al Capital no sólo conduce a una sociedad extremadamente desigualitaria, sino también a la destrucción de la clase media colombiana.

Crecimiento y equidad van de la mano, el uno genera la otra y viceversa, pero un concepto así, integral, no se ve en el programa de Germán Vargas. Para el tipo de proyecto político que dirige el candidato de Cambio Radical con fuertes soportes en el gran empresariado colombiano y los medios de comunicación, plantear la equidad social es cuestión de populismo. Para nosotros y para la experiencia mundial un crecimiento económico sin equidad social es inconsistente.

El programa de Cambio Radical mantiene la tesis desarrollista sin equidad, es decir se inscribe en la dinámica de la política económica tradicional de Colombia.

La tesis que defiende el candidato Vargas, y en esto coincide con Uribe y toda la derecha mundial, es que para lograr el crecimiento económico se necesita de un Estado que a diferencia del Estado Social de Derecho, que busca la equidad social, se subordine completamente al negocio como objetivo máximo de la sociedad. La maximización de la utilidad implica, bajo esta propuesta, reducción de impuestos a los negocios y anulación de las regulaciones públicas. Un neoliberalismo duro en completo retroceso ya en el mundo pero que se quiere perpetuar a pesar de su fracaso, en Colombia.

No es cierto que la inversión privada y la iniciativa privada que en Colombia se confunde con libre iniciativa de la inversión extranjera y fundamentalmente extractivista, esté aquejada por los impuestos al capital y las regulaciones estatales ambientales o laborales.

El impuesto es por definición el gran pacto social de una sociedad y nuestra constitución ordena un sistema tributario progresivo, es decir cimentado sobre la tesis que el que más tiene paga más impuestos y más que proporcionalmente, un sistema así es básico para un Estado Social de Derecho, lo que equivale a decir que es esencial para la búsqueda de la equidad. En realidad la práctica y la legislación tributaria en los gobiernos posteriores a la constitución del 91 ha sido debilitar la progresividad contrario a lo que ha ordenado la Constitución y cimentar cada vez más la financiación del Estado en la clase media, la mediana y pequeña empresa y en general en los consumidores. Germán Vargas quiere tirar definitivamente el principio de la progresividad por la borda, porque no le interesa la equidad. Las regulaciones tienen como fin mitigar daños que la producción y el ánimo de lucro pueden provocar sobre el conjunto de la sociedad y sobre la naturaleza, mitigar o prevenir, por ejemplo, los daños éticos, laborales y ambientales que el ánimo de lucro puede provocar. En lenguaje economicista las regulaciones públicas buscan mitigar los efectos de las externalidades negativas del mercado y sus fallas. Eliminar sustancialmente las regulaciones implica subordinar la garantía de los derechos laborales, sociales y ambientales a la maximización de la utilidad privada.

La aplicación del programa de Vargas Lleras nos llevaría a un incremento del déficit fiscal, una gran depredación de la naturaleza y un aumento de la desigualdad social, en un país que ya es de los más desiguales del mundo. La consecuencia sería un incremento de la violencia y por tanto una destrucción democrática.

Es más, ante procesos de profundización de la desigualdad como la que propone Vargas Lleras, la primera víctima no son los pobres sino la clase media que se vuelve raquítica al estrecharse las oportunidades de ser propietarios de bienes de capital o al disminuir los salarios reales.

Vargas vende la tesis errónea que los capitales y los negocios están afectados por altos impuestos, y propone disminuirlos sustancialmente. Olvida el candidato que ya el uno por ciento de la población colombiana es propietaria del 22% del ingreso nacional o riqueza nacional, una desigualdad así jamás sería alcanzada por un país con un sistema tributario anticapital como falsamente dice Germán Vargas que existe en Colombia. Es más una desigualdad así solo expresa una enorme transferencia de riqueza privada del 90% de la población y de la riqueza pública hacia ese uno por ciento más rico de la población que el candidato de cambio Radical quiere aún más, enriquecer. El análisis de Vargas no toca para nada el problema que para la producción y el crecimiento económico tiene la estrechez del mercado interno aquejado por la presencia del latifundio, los bajos salarios y la mitad de la población por fuera de la generación de ingresos, y menos los efectos que sobre la estrechez de ese mercado interno tiene la falta de educación de calidad, la ausencia de un sistema de crédito popular agrario, industrial o de servicios y menos aún el impacto que los TLC tienen sobre la producción interna.

Al contrario, repetir y profundizar la historia de la política económica de Uribe llamada “confianza inversionista”, imitada por la política económica de Santos, de desregulación y disminución impositiva para los sectores más poderosos, lleva a que el mercado mundial solo nos vea como espacio de extracción de sus fuentes de energía. El mercado mundial sin intervención política de nuestro Estado nos asigna en la división internacional del trabajo el simple puesto de extraer combustible fósiles. Es por esto que para Germán Vargas los sectores claves de la economía sean los mismos que llevaron a la parálisis económica el país: el sector minero-energético y su infraestructura. Una minería sustentada esencialmente en la extracción de combustibles fósiles y marginalmente en el oro y otros minerales metálicos.

La drástica disminución de impuestos al Capital que propone el candidato de Cambio Radical en realidad es una disminución de gravámenes a la extracción petrolera y carbonífera. dada la actual estructura de deducciones, en realidad el candidato está proponiendo una subvención pública a la extracción de petróleo y carbón para que puedan extraer los residuos que quedan a través del fracking.

Para la Colombia Humana los sectores claves estratégicos en nuestra propuesta económica son la agricultura y la industria bajo las condiciones del siglo XXI. las condiciones del siglo que vivimos nos impone una alta responsabilidad en la mitigación y adaptación al Cambio Climático. Y la agricultura y la industria deben cimentarse en procesos productivos descarbonizados.

La agricultura y la industria como sectores estratégicos a priorizar si queremos que se expandan bajo las condiciones de energías limpias, redes y conocimiento intensivo nos demanda a diferencia del petróleo y el carbón que millones de colombianos y colombianas puedan emprender actividades productivas y esto nos lleva directamente a la necesidad de desconcentrar el capital, a democratizar su propiedad y a plantearnos la equidad social como una prioridad ligada al tipo de crecimiento económico.

Fíjense que la crítica que nos dirigen en el sentido que queremos estatizar los medios de producción o imitar la estructura extractivista y petrolera de Venezuela no tiene ningún asidero. Lo que proponemos es una amplia iniciativa privada, ojalá asociada, de millones de colombianos y colombianas que puedan acceder al emprendimiento productivo.

En cierta forma al contrario que Vargas Lleras, nos proponemos extender una gran clase media urbana y rural productiva y ligada a la propiedad privada democratizada. Ese es el sentido de una sociedad más igualitaria y mucho más libre.

Volvamos a la priorización que hace Cambio Radical y también Uribe y Pastrana del petróleo y el carbón como sectores estratégicos para su propuesta de reactivación económica. Para Germán Vargas no existe la llamada “enfermedad holandesa”, desconoce por completo que ésta, como en Venezuela, se ha producido en nuestro país precisamente por hacer depender nuestras exportaciones casi exclusivamente de los combustibles fósiles.

La “enfermedad holandesa” es un efecto económico de mercado que consiste en que cuando existe una dependencia a un solo sector exportador cuyo precio internacional crece de manera sustancial, por ejemplo los combustibles fósiles, la entrada masiva de divisas valoriza la moneda nacional abarata las importaciones y encarece los costos de producción internos elimina así progresivamente las ramas de producción nacionales que dejan de ser competitivas y profundiza la dependencia al sector del boom exportador. En nuestro caso la agricultura, la industria y sus servicios concomitantes han cedido espacios a favor del petróleo/carbón y sus servicios concomitantes. La llamada “Enfermedad holandesa” no sólo es efecto del boom en precios de una monoexportación sino que produce una mono producción en el país.

Colombia es un ejemplo de “enfermedad holandesa”. Nos convertimos en importadores netos de 13 millones de toneladas de alimentos, de motos y carros y redujimos el papel de la agricultura y la industria en nuestra economía. El efecto destructor de la producción se agravó con los tratados de libre comercio firmados por el país.

Dado que agricultura e industria son intensivos en mano de obra y saberes y la extracción de hidrocarburos y carbón no, el resultado es el de la entrada masiva de decenas de miles de millones de dólares con destrucción del aparato productivo y el raquitismo del empleo. Más de la mitad de la población colombiana está hoy por fuera de  obtener ingresos formales de la economía.

Este hecho producido en los últimos 30 años es desconocido por el candidato Vargas, que vuelve a proponer el petróleo/carbón como motor de la reactivación económica.

Lo cierto es que dada la caída de las reservas petroleras y del precio del carbón y del petróleo, la única opción de incremento de ingresos desde estos sectores se da si se aumenta su volumen de exportación para lo cual el único método de corto plazo posible es el fracking: la ruptura de rocas con depósitos de petróleo a través de  inyección hídrica en los pozos ya explotados y secos que aumentaría por cinco o diez la utilización del recurso hídrico en las zonas de minería del carbón y del petróleo, con riesgo alto de contaminación permanente de acuíferos.

Por ello pide el candidato de Cambio Radical modificar las consultas y cambiar el ordenamiento territorial y el marco de la regulación ambiental.

Esta “confianza inversionista” a lo Germán Vargas centrada en el campo de la minería energética y su infraestructura dada la caída de los precios internacionales, implica una reducción generalizada de impuestos a sus negocios para que puedan financiar con rentabilidad la actividad del fracking.

En el campo minero-energético, es decir el de la explotación de petróleo y carbón, Germán Vargas propone una reducción de impuestos y regalías para otorgarle mayor rentabilidad, sin embargo, además de ser un verdadero regalo de una propiedad pública: el subsuelo, a grandes empresas multinacionales, una mayor rentabilidad no va a aumentar sustancialmente la producción de campos petroleros con reservas a punto de agotarse a menos que se utilice el “fracking”.

Por eso Germán Vargas propone un cambio del sistema de regalías que trate de castigar a los municipios que voten contra las actividades mineras excluyéndolos de su distribución y propone un incremento de las regalías locales buscando así la adhesión de la clase política local adicta al pillaje y quizás el beneplácito ciudadano ante la extinción de sus fuentes hídricas.

La propuesta de Vargas Lleras parte de una alianza con las mafias políticas locales a las que se les ofrece un incremento de la regalías en sus gobiernos locales. Una de las explicaciones de la explosión de la corrupción en Colombia está precisamente en esta estructura económica y política cimentada en los dineros fáciles de las rentas de la cocaína, el petróleo y el carbón.

Para Colombia Humana el fracking es una actividad que debe ser prohibida en Colombia por el principio de precaución para la salud del ser humano y por el cuidado del agua. el agua es fundamental para el desarrollo del país mirado desde la perspectiva humana, ambiental y productiva.

El desconocimiento de la llamada “enfermedad holandesa” producida en Colombia lleva a Germán Vargas no solo a desconocer el efecto negativo que un boom mono exportador rentístico tiene sobre la agricultura, la industria y sus servicios afines sino que lo lleva a proponer para la agricultura y la industria un modelo de incentivos ya fracasados. Para la primera el desarrollo de la gran plantación exportadora, es decir el banano y la palma africana y similares; y para la industria la flexibilización y el abaratamiento de la fuerza de trabajo.

Bajo esta visión retrógrada de la agricultura y la industria lo que se sacrifica es la expansión poderosa del mercado interno, que implica obligatoriamente una disminución sustancial de la desigualdad social en el país. El mercado interno implica mayor demanda interna es decir, mayores ingresos disponibles de la población colombiana. Desarrollar la agricultura y la industria implica una sociedad con ingresos reales crecientes y esto no es posible sin una democratización de los activos de capital: créditos, saberes, tierras, espacios, redes, energía barata. La agricultura hacia el mercado interno es de granjeros productores de alimentos, una clase media productiva rural a la que deben llegar la mayoría de nuestros campesinos y pequeños y medianos empresarios rurales. Una industria hacia el mercado interno necesita de una diversidad productiva que implica la apertura al capital de millones de pequeños empresarios y empresarias de la economía popular productiva, necesita de una fuerza asalariada con crecimiento de salarios reales y estabilidad. La industria hacia el mercado interno a diferencia de la exportadora de maquila implica salarios decentes y por tanto la derogatoria de la reforma laboral de Uribe.

La agricultura no se desarrolla por incentivos a la inversión en grandes plantaciones, como piensa Vargas, éstas en la historia reciente lo único que han hecho es reemplazar producciones de alimentos para el mercado interno; tampoco la industria se desarrolla a partir de una fuerza laboral de bajo costo, es decir de bajos salarios, por esta vía solo se obtienen maquilas que el impacto revaluador de la moneda producida por un modelo cuasi mono exportador de combustibles fósiles extraídos se encarga de arruinar.

Germán Vargas no es capaz de darse cuenta de la contradicción entre hacer del petróleo y el carbón el principal sector de la economía y la agricultura y la industria que degrada.

Colombia Humana quiere una agricultura y una industria fuerte, para ello debemos romper progresivamente la dependencia de la exportación del petróleo y el carbón, eliminar el latifundio improductivo a partir de altas tasas de impuestos a su tenencia, cambiar la priorización de los usos del agua, brindar un crédito abundante a la economía popular agraria e industrial, repartir tierras, desarrollar el cooperativismo agroindustrial en propiedad de los productores agrarios, desmantelar los monopolios de importación de materias primas y proteger la industria y agricultura de la competencia internacional a través de las tasas carbón a las importaciones.

La propuesta económica de Colombia Humana entonces articula coherentemente crecimiento con equidad social y sostenibilidad con la naturaleza.

Esta es una visión muy distante de la tradicional y ya fracasada de Germán Vargas y mucho más si le agregamos las condiciones de la nueva economía del siglo XXI que queremos producir en Colombia: las energías limpias, las redes usadas económicamente, la desintermediación distributiva, el trabajo colaborativo y el saber intensivo y generalizado. La industria de hoy no depende de un bachillerato técnico para la fuerza de trabajo juvenil, como piensa Germán Vargas, depende de la generalización del saber en la sociedad y de un sistema de educación superior público, gratuito y universal.

La desigualdad entre los salarios es altísima en Colombia, solo comparen el salario mínimo con los de los congresistas o peor aún, con los salarios de los super ejecutivos de los grandes consorcios empresariales colombianos, incluidos los directores de medios de comunicación. Esta enorme brecha de salarios que luego se reproduce en el sistema pensional se debe fundamentalmente a un diferencial enorme de calidad de nuestro sistema educativo. La mayoría de nuestra población no terminó el bachillerato, en nuestra juventud la mayoría tiene un pésimo sistema educativo público o privado para pobres, y la mayoría de nuestra juventud no entrará a la educación superior si las cosas siguen como están. Vargas LLeras propone un bachillerato técnico, es decir mantener un sistema educativo desigual y discriminatorio.

Si queremos de verdad aumentar la productividad de la sociedad colombiana el acceso sin barreras a la educación superior es fundamental. No hay otra manera de aumentar la productividad y por tanto el crecimiento económico y la riqueza del país. Un sistema de educación superior sin barreras significa una educación superior, pública, gratuita y universal, es decir disponible para cualquier joven que termine sus estudios secundarios. Esto lleva a que el programa de educación superior de la Colombia Humana sea la prioridad del presupuesto nacional.

La industria mundial ya automatizada no logra producir empleo, pero las nuevas tecnologías hoy permiten que millones de personas puedan pasar a actividades de transformación sin ser obreros siempre que tengan los saberes apropiados y la capacidad del trabajo en equipo a escala global.

La nueva economía nos demanda una fuerte inversión pública en energías limpias, electrificación del transporte, redes potentes para el conjunto de la sociedad y un sistema de educación pública de alta calidad. Estas inversiones presionan hacia arriba el gasto público y nos llevan a la necesidad de aumentar impuestos allí donde se realizan actividades rentísticas con sesgos anti productivos: la remesa de utilidades al exterior, los dividendos, las rentas financieras, el latifundio improductivo, las exenciones no ligadas a los objetivos de la nueva inversión pública, las tasas carbón a las importaciones. Lo contrario de lo que propone Germán Vargas.

El desconocimiento de las razones estructurales que impiden el desarrollo de la agricultura y la industria incluida la dependencia a la cuasi mono exportación de combustibles fósiles, lleva a Germán Vargas a pensar que las restricciones al crecimiento de la producción son de rentabilidad y que para aumentarla se requiere de la disminución generalizada de impuestos al capital.

Germán Vargas propone extender la base del IVA a casi todo, pero permite el descuento del IVA sólo en bienes de Capital, propone eliminar el impuesto a los dividendos, disminuir el impuesto de renta a las empresas y disminuir la renta presuntiva. Un paraíso fiscal que terminaría estimulando las inversiones en fracking con el objetivo de extraer lo último que nos queda de petróleo o lo único que podremos exportar de carbón antes que se detenga la demanda mundial. Una carrera rápida y depredadora por los últimos hálitos de la economía fósil que desencadenará el pillaje y la violencia.

La caída de las tasas de gravámenes al Capital imitando la reforma tributaria de Trump se hace sobre la falsedad de los datos. Para Germán Vargas la tasa de tributación de utilidades en Colombia es en promedio del 70%, cifra que se extrae no sólo de sumar el impuesto a las utilidades, sino de sumar los impuestos a vehículos, prediales, ICA, GMF y otros, que no son impuestos a utilidades, sino a activos, o peor impuestos que en realidad se trasladan a los precios y a los consumidores como el ICA que es municipal, o peor aún, contribuciones salariales a la seguridad social y la salud que van a organismos privados, dada la ley 100 y no al Estado, es decir no son impuestos. Y así con notable intención de generar el engaño público, suman todos los gravámenes y contribuciones parafiscales y lo comparan a la utilidad del ejercicio para artificiosamente mostrar una alto nivel impositivo a utilidades, como si estas los pagaran para generar la percepción de un esquema tributario injusto para los más poderosos.

Miren este cuadro que presenta el mismo Vargas Lleras en su programa económico:

Vargas Lleras I

Los gravámenes en los negocios apenas son del orden del 3,3% de los ingresos totales y los que gravan la utilidad son en realidad del 20,8% en el mismo ejemplo que da Vargas Lleras. Solo un artilugio numérico profundamente engañoso, el de comparar utilidad y total de impuestos y contribuciones parafiscales lo lleva a la tasa en promedio del 70%. Esto se llama engañar al electorado para beneficio particular.

La tesis programática de Vargas Lleras y de Uribe se sintoniza con una política mundial de reducción de impuestos al capital que no produjo como Vargas Lleras cree reactivación económica sino la crisis mundial del 2008 que se mantiene a la fecha y un crecimiento enorme de la desigualdad social en todo el mundo. El trabajo de Piketty que parece no haber leído ni el candidato ni su equipo programático así lo demuestra.

Veamos estos dos cuadros de Piketty en su libro “El capital en el siglo XXI” para documentar esta crítica.

Vargas LlerasII

Como se observa a partir de 1970 en EEUU y a partir de 1980 en Europa la participación en la riqueza total del 10% más rico de la población se viene incrementando a pesar de una crisis de empleo y productividad fundamentalmente a partir de 1997. En EEUU el 10% más rico de la población ya es dueña de la mitad de la riqueza de ese país, una desigualdad nunca antes vista en la historia de los EEUU; la reforma tributaria de Trump recientemente aprobada aumentará aún más esa desigualdad con consecuencias políticas y sociales impredecibles.

vargas Lleras III

Este cuadro de Piketty muestra la proporción del ingreso del 1% más rico de la población dentro de la totalidad del ingreso nacional en los países emergentes, nótese que a partir de 1980 la desigualdad empieza a aumentar y mire como entre estos países el menos inequitativo es China con altísimas tasas de crecimiento económico y el de mayor desigualdad, Colombia, que alcanza los niveles que tenía Argentina y Sudáfrica en 1940, es decir bajo el régimen del apartheid.

Para una desigualdad extrema que permite que un uno por ciento de la sociedad sea dueña del 20% de la riqueza total del país, se necesitan altas dosis de amedrentamiento de la sociedad misma para que lo permita, es esta la razón de las masacres, de los asesinos de masa con control territorial, es esta la razón de una labor altamente legitimadora de la desigualdad de los medios de comunicación más importantes, es por esto que fueron adquiridos no por el uno por ciento sino por el 0,001% más rico de la sociedad.

Con una desigualdad como la colombiana que se asemeja a la del apartheid de Sudáfrica no es posible la construcción de la paz y la convivencia.

La razón de esta desigualdad está en la propiedad del capital que es extremadamente concentrada como en ninguna otra parte del mundo. Por tanto un programa de paz y reconciliación tiene que abrir la propiedad del Capital, es decir de los medios que permiten la generación de ingreso y producción, a millones de colombianos. Es una extensión de la propiedad privada productiva al conjunto de los y las integrantes de la sociedad y no la enorme expropiación que del capital se ha hecho al 99% de los colombiano(a)s.

Los niveles de desigualdad extrema de Colombia, superior a la de EEUU, explican su violencia, por eso es por completo irracional un programa político de gobierno que no se plantee el doble objetivo del crecimiento económico con el de la equidad social, a menos que de manera premeditada se quiera llevar a Colombia a mayores niveles de violencia y de economías ilegales.

Por otra parte priorizar carbón y petróleo como reactivadores económicos no solo nos iguala con la falacia venezolana sino que aporta en la destrucción de la vida en todo el planeta. Es indudable como lo demuestra la ubicación de las viviendas gratis y su propuesta económica y tributaria que Germán Vargas Lleras es un negacionista del cambio climático. El Trump de Colombia.

Autor: gustavopetroblog

Dirigente político progresista de Colombia

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